jueves, 24 de noviembre de 2022

SESIÓN IV, POESÍA: "Baleas e baleas" de Luisa Castro.

LUISA CASTRO


BIOGRAFÍA. Luisa Castro (Foz, Lugo, 1966) es escritora y columnista en lenguas gallega y castellana. Actualmente es directora del Instituto Cervantes en Näpoles, Italia. Hija de un marinero y un ama de casa, Luisa Castro es la menor de dos hermanas. Publicó sus primeros artículos en El Progreso y El Faro de Vigo a los 16 años. En 1984 comienza sus estudios de Filología Hispánica en Santiago de Compostela y a los 19 años recibe el premio Hiperión de Poesía. Empieza entonces una colaboración semanal con el ABC, y se traslada a Madrid, donde también colabora como articulista en El País, El Mundo y en diversos medios de comunicación. Se licencia en Lingüística por la Universidad Complutense. Fue directora del Instituto Cervantes de Nápoles y en la actualidad dirige el de Burdeos. En 1990 recibe el Premio Rey Juan Carlos de Poesía, y publica su primera novela "El Somier", que es finalista del Premio Herralde ese año. A partir de entonces diversifica su carrera como novelista y poeta, y amplía sus estudios en Urbino (Italia) y en Nueva York, a donde se traslada en 1993 con una beca Fulbright para realizar estudios de cine.

A su vuelta de Nueva York vive en Barcelona, donde imparte clases de Adaptación Cinematográfica en el Institut d´Humanitats y trabaja como jefa de prensa en la editorial Ronsel. En el año 2001 colabora con el Consello da Cultura Galega y comienza una colaboración con La voz de Galicia. Recibe el premio Azorín por su novela "El secreto de la lejía", publica "Viajes con mi padre", el libro de poemas "Amor mi señor", y la novela "La segunda mujer", que recibe en el año 2006 el premio Biblioteca Breve. Ha recibido también el premio Torrente Ballester por su libro de cuentos "Podría hacerte daño", y el premio Puro Cora de Periodismo. Sus colaboraciones periodísticas de La Voz de Galicia están recogidas en el libro "Melancolía de sofá" (Xerais, 2009) y una selección de su columna semanal en ABC durante diez años se encuentra recogida en el libro "Diario de los años apresurados" (Hiperion, 1997). Ha impartido conferencias y lecturas en universidades europeas, americanas y de Oriente Próximo, y Cursos sobre novela y poesía en la USC, entre otras instituciones.

La aparición de “Baleas e baleas” en 1988, después traducido como Ballenas en Hiperión, fue un auténtico impacto. Luisa Castro se atrevía a escribir cosas así: “Que todas las merluzas se reúnan para ahogarme, /que todos los marrajos me tiendan su trampa, /que me apresen las lanchas, /que me enrede en el palangre”,donde el vínculo entre la geografía marítima y los lazos de familia emergen como conjuros mágicos.

Según víctor García de la Concha, “un hermoso libro, rompedor y fascinante, en el que los planos del recuerdo se disuelven y las palabras se dislocan para crear más allá del tiempo una elegía y un alegato contra el tiempo mismo”.


Mi madre trabaja en una fábrica de conservas


Mi madre trabaja en una fábrica de conservas.
Un día mi madre me dijo:
el amor es una sardina en lata.
¿Tú sabes cómo se preparan las conservas en lata?

Un día mi madre me dijo: el amor es una obra de arte en lata.

Hija, ¿sabes de donde vienes?
Vienes de un vivero de mejillones en lata.
Detrás de la fábrica, donde se pudren las conchas
y las cajas de pescado. Un olor imposible,
un azul que no vale. De allí vienes.

¡Ah!, dije yo, entonces soy la hija del mar.

No. Eres la hija de un día de descanso.
¡Ah!, dije yo,
Soy la hija de la hora del bocadillo.
Sí, detrás, entre las cosas que no valen.


El cerdo

Me habían puesto una falda nueva porque llegaba gente,
el agua de colonia,
rescatada de la profundidad de los armarios,

resbalaba por mi frente una vez al año,
por diciembre, tibia.

Tengo una capacidad de olvido propia de la niñez,
pero mi casa no tenía un lugar para la muerte,
así que había que morir en el pasillo,
improvisar un ataúd de sal,
una roldana de muerte
en el rellano de la escalera.
Y atravesar la escena
sólo para beber agua.

Las tripas, el riñón, el corazón, el hígado,
desaparecen pronto de mis sueños.
Su llanto en mi cabeza reproduce débiles resonancias.
Pero el olor a sangre,
adherido para siempre en las bombillas tan tenues,
alimentaba todos mis malos pensamientos.



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