Ficha Técnica
Nº de páginas: 240
Tiempo de lectura:
05h: 40m
Editorial: Alfaguara
Idioma: Castellano
Encuadernación: Tapa
blanda
ISBN: 9788432239939
Año de la edición: 2022
BIOGRAFÍA
Rosa Montero nació en Madrid y estudió Periodismo y Psicología. Ha publicado las novelas Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado Amo (1988), Temblor (1990), Bella y Oscura (1993), La hija del caníbal (1997, Premio Primavera de Novela), El corazón del Tártaro (2001), La loca de la casa (2003 y 2023, premios Qué Leer, Grinzane Cavour y Roman Primeur), Historia del Rey Transparente (2005, premios Qué Leer y Mandarache), Instrucciones para salvar el mundo (2008), Lágrimas en la lluvia (2011), La ridícula idea de no volver a verte (2013, Premio de la Crítica de Madrid), El peso del corazón (2015), La carne (2016), Los tiempos del odio (2018), La buena suerte (2020) y El peligro de estar cuerda (2022)y La desconocida (2023) —junto a Olivier Truc—.
También es autora del libro de relatos Amantes y enemigos (1998) y de los ensayos biográficos: Historias de mujeres —reeditado en edición ilustrada, revisada y ampliada con el título de Nosotras. Historias de mujeres y algo más (2018)— y Pasiones (2000), así como de cuentos para niños, recopilaciones periodísticas y Escribe con Rosa Montero (2017).
Desde 1976 escribe en El País, en el que fue
redactora jefa del suplemento dominical (1980-1981). Además de los mencionados,
ha sido galardonada con el Premio Nacional de Periodismo (1981), el Premio
Nacional de las Letras Españolas (2017), los premios Leyenda de la Asociación
de Librerías de Madrid y Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras (2019), el
Premio Cedro (2020) y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2022).
Su obra está traducida a más de veinte idiomas. Cuentos verdaderos (2024) es su
libro más reciente.
La ridícula idea de no volver a verte es una obra fronteriza, híbrida por vocación y honesta por necesidad. Rosa
Montero construye un libro que se sitúa deliberadamente en la intersección
entre la biografía intelectual, el ensayo filosófico, la memoria personal y la
reflexión literaria. El punto de partida es la figura de Marie Curie, pero el
verdadero núcleo gravitacional del texto es la experiencia del duelo, la
fragilidad humana y la obstinada necesidad de seguir viviendo cuando el sentido
parece haberse evaporado.
La autora toma como detonante la lectura del Diario íntimo que Marie Curie escribió tras la muerte de Pierre. Ese texto desgarrado —breve, repetitivo, casi balbuceante— actúa como espejo y catalizador de una herida propia: la muerte del compañero de vida de la narradora. A partir de ahí, Montero no escribe una biografía al uso ni un tratado sobre el dolor, sino una constelación de fragmentos que dialogan entre sí: ciencia y literatura, razón y emoción, historia y experiencia íntima.
La
obra es consecuencia de un encargo editorial que pronto supuso para la autora
la descripción del duelo que es el duelo es ante todo una experiencia de
desfondamiento del significado. La muerte del otro no supone
únicamente su ausencia física, sino la desaparición de una parte del mundo tal
como era vivido. Rosa Montero describe el duelo de Marie Curie tras la muerte
de su marido Alfred Curie y ella del suyo, Pablo Lizcano.
Desde
el punto de vista estructural, el libro rehúye la linealidad. Avanza por
asociaciones, digresiones y retornos, como si imitara el funcionamiento real de
la mente en duelo: una conciencia que oscila entre la lucidez y la obsesión,
entre la memoria y la necesidad de distracción. Esta forma fragmentaria no es
un capricho estilístico, sino una decisión ética y estética coherente con el
tema central: el dolor no se narra, se rodea.
Uno de los grandes aciertos del libro es la manera en que Montero convierte a Marie Curie en algo más que un personaje histórico admirable. Curie aparece como símbolo de una resistencia silenciosa: la del ser humano que, pese a la devastación íntima, sigue trabajando, pensando, creando. La ciencia, en este contexto, no es un refugio frío, sino una tabla de salvación; una forma de seguir habitando el mundo cuando la vida privada se ha quebrado. En paralelo, la literatura cumple una función semejante: leer y escribir como actos de supervivencia.
El tono del libro es deliberadamente cercano, incluso confesional, pero nunca cae en el sentimentalismo. Montero escribe desde la herida, pero con una lucidez que evita la autocomplacencia. El yo que habla no busca compasión, sino comprensión; no pretende ofrecer consuelo, sino compartir una experiencia común: la certeza de que amar implica, tarde o temprano, enfrentarse a la pérdida. En este sentido, el libro adquiere una dimensión universal que trasciende lo autobiográfico.
En
el plano estilístico, la prosa de Montero se caracteriza por su claridad y su
eficacia expresiva. No hay barroquismo ni retórica innecesaria; la emoción
surge de la precisión, no del exceso. Desde una perspectiva crítica, podría
señalarse que el carácter fragmentario y ensayístico del texto puede
desconcertar a lectores que busquen una narración convencional o una biografía
rigurosa de Marie Curie. Sin embargo, esa ambigüedad genérica es precisamente
uno de los valores del libro. La ridícula
idea de no volver a verte no aspira a cerrar respuestas, sino a
formular preguntas esenciales: ¿cómo se sobrevive a la ausencia?, ¿qué sentido
tiene el trabajo, el pensamiento o la creación frente a la muerte?, ¿es posible
seguir siendo uno mismo después del amor perdido?
En
conclusión, la lectura de esta obra ha producido entre las lectoras de este
club de lectura una unanimidad inusual en todos los aspectos, destacando la
sensación de intimidad que produce y, sin duda, también puede decirse que esta
novela se inscribe entre los libros más íntimos y reflexivos de Rosa Montero.
Es un texto valiente, sobrio y profundamente humano, que convierte el dolor en
materia de pensamiento sin traicionarlo ni edulcorarlo. Más que un libro sobre
la muerte, es un libro sobre la persistencia de la vida; más que un homenaje a
Marie Curie, es una meditación sobre la dignidad de seguir adelante cuando
estar sin el otro se vuelve, efectivamente, insoportable.




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