martes, 26 de abril de 2022

SESIÓN XI: "Peaxes" Santiago Lopo

 



Título: PEAXES

Ficha técnica

Nº de páginas: 96

Editorial: XERAIS

Idioma: Galego

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788497829588


Año de edición: 2009

Plaza de edición: España

Fecha de lanzamiento: 05/03/2009


Autor: Santiago Lopo (Vigo, 1974) es escritor, traductor y profesor de francés en la Escuela Oficial de Idiomas de Pontevedra. Con Hora zulú obtuvo en 2012 el Premio Manuel García Barros de Novela, uno

de los más prestigiosos galardones de las letras gallegas. Su última obra publicada en gallego, A diagonal dos tolos, consiguió el Premio Repsol de Narrativa Breve en 2014. También ganó, en 2006, el Premio de Novela por Entregas de La Voz de Galicia, con Game Over. Tres años después, en 2009, publicó Peaxes, su segunda obra narrativa de ficción. Se inició profesionalmente traduciendo guiones cinematográficos para la televisión y, en 1998, tradujo al gallego, junto a Xavier Queipo, dos obras del escritor francés Hervé Guibert: Citomegalovirus y O meu criado e mais eu.








Reseña

Peaxes” es un libro diferente, una novela atípica, fácil de leer y que destaca precisamente por la temática y cómo el autor juega con los personajes para contar un relato que lamentablemente, será temporal. Santiago Lopo cuenta la historia de un trabajador de una cabina de peaje en una autopista (aquí está la temporalidad). Dentro de diez años pocos recordarán que éso existía, sobre todo en las grandes autopistas, había personas que cobraban el peaje en unas cabinas unipersonales mientras manejaban también la barrera. Hoy es muy difícil encontrarse a personas que hagan este mismo trabajo y apenas se podría intercambiar algunas palabras con el personal de mantenimiento si se produjese alguna incidencia. El protagonista principal de la novela no tiene nombre, como no lo tiene tampoco el resto del elenco, y se refiere a ellos de acuerdo con la marca del coche que conduce: Clio, Grand Cherokee, etc e imagina, por el breve diálogo que mantiene con ellos, a qué se dedican. Imagina a una estudiante o a un traficante de drogas que podría partirle las piernas si no se apura en subir la barrera. Así va creando un mundo imaginario y que con el artificio de unas entradas para un concierto, entradas obtenidas tras ofrecer sus escasos conocimientos mecánicos, logra llevar a todos los personajes al evento musical y comprueba que las apariencias engañan y que quién parecía un ser despreciable y temido, en realidad es un bonachón que se desvive como veterinario por los animales, como es el caso del Grand Cherokee.
En lo que respecta al idioma, el gallego y su uso, debate que surgió durante la sesión de lectura, traigo a colación un pasaje del protagonista de la novela sobre el asunto:

“Para evitar conflitos lingüísticos entre comunidades diglósicas, ou para censurar a lingua que se resistiu tantas noites pétreas, o mellor é utilizar o latín, o noso idioma primixenio: volvamos ás raíces, a ver quen ousa dicirnos algo”.

Nota del autor: Traigo este pasaje porque me encantan los debates!




SESIÓN XI, Poesía: "La casa cerrada" Antonio Polo

 

TÍTULO: LA CASA CERRADA


Autor: “ANTONIO POLO







LA CASA CERRADA


Entonces fue Neruda. Fue el eco
de la caracola arrumándose, el sol
de trementina sobre el pecho
del navío, los libros salvados
de la quema.

Fueron los rayos taimados, la tormenta
que nunca cesa a barlovento, las cartas
amontonadas del zaguán, el gramófono
rapsoda del cartero. Fue la discusión
de los gatos disputándose
un ovillo, el soneto
de unos helechos más al Sur, los senos
de madera en los que acaso navegué.

Entonces fue Neruda. Fue la casa
reventada a taconazos, los sables
que cercenaron una estrofa, el desafuero
de las persianas bajo el sol, el ancho
espacio de la abulia. Fueron los caballitos
cromáticos de tus dedos, la caricia
de un vals sobre mis hombros, la negra
isla de tus ojos australes.

Entonces fue Neruda. Fueron los salares
de Antofagasta, la capitanía
rotunda de sus versos. Fue la claridad
de tu risa en medio de septiembre, el desabrido
camarote del salón, el café de guardia
frente al rizado horizonte de la espuma.
Fue la casa y su lúcido
olor a algas frescas, la estrella de madera
hincada en el jardín, el desbordado
alboroto de los anaqueles, el doloso
embuste de las nasas.

Entonces fue Neruda. Fue la piedra
volcánica moliéndose en la playa, el mascarón
aventajado en la cancela, la cisterna
negra del acantilado. Fue tu marcha
inesperada aquella tarde, los gritos
ahogados de los desaparecidos, las desalentadas
caracolas de Valparaíso.

Entonces fue Neruda. Fue la diáspora
cobriza del minero, el nostálgico
obsequio de la arepa. Fueron los años
del exilio, la navaja del barbero
sobre el calendario, la amarga sensación
de estar tan lejos.

Entonces fue Neruda, el último,
el que nos abrió la casa.




Del libro: “A los cuatro vientos” Ed. Ariadna.